martes, 19 de abril de 2011

Embarazo adolescente; cuando los niños tienen niños

“Hay 400 mil embarazos de menores de edad cada año en México”. ONU 2004.
“Entre 35 y 52 por ciento de embarazos de jóvenes son no deseados y, de estos, entre 21 y 30 por ciento terminan en un aborto y de 15 a 25 por ciento en partos de adolescentes”. Unicef 2004.
“Uno de cada seis nacimientos en el país, ocurre en mujeres menores de 19 años”. Gaceta Médica de México, 2008.

Una frase común dice que los niños son el futuro, sin embargo el futuro de los niños muchas veces se complica por diversos factores y uno de estos factores es el embarazo de adolescentes.

En un ambiente en el que la educación sexual es insuficiente o inexistente, en el cual hay elevados niveles de marginación de muy diversas formas y en el que el acoso o violencia sexual y/o de género son cosa de todos los días, se genera una problemática compleja, misma que afecta a toda la nación. Los alcances de esta problemática probablemente vayan aún más allá de la imaginación de cualquiera de nosotros, ya que pudieran ser tan complejos como las innumerables variables individuales de cada niño que nace bajo circunstancias de este tipo, tratándose de los niños y, en cuanto a la madre, tan complejos como todos los efectos que puede experimentar una adolescente que decide interrumpir su embarazo.

En muchos de estos casos se termina optando por la interrupción del embarazo, más ahora que se pueden practicar los abortos de manera más segura y conforme a la ley, (o por lo menos así es en el D.F.) Esto puede dar lugar a otros problemas entre los cuales podemos mencionar distintos tipos de depresión que incluso pueden durar toda la vida.
Cuando la decision es no interrumpir el embarazo se pueden presentar diversas complicaciones:
En principio, es común que las adolescentes que se embarazan no obtengan atención médica ni cuidados apropiados durante la gestación, lo que deriva en un aumento en el riesgo de complicaciones médicas. Además, estos embarazos pueden representar una crisis, tanto para la adolescente como para la familia, y es común que existan reacciones tales como enojo, culpa y/o negación entre los miembros de la familia. Cuando el padre es adolescente e intenta tomar cierta responsabilidad las reacciones en su familia suelen ser similares.
La manera en que las adolescentes suelen encarar estas situaciones pueden ser muchas y muy diversas:
Algunas pueden no querer tener a sus bebés, otras desear tenerlos aunque frecuentemente por motivos idealizados o poco realistas; hay quienes a pesar de que lo consideren un gran logro no reconocen la seriedad que representa la responsabilidad de ser madre, algunas podrían querer tenerlo para darle gusto a otro miembro de la familia, y otras pueden sólo querer tener a alguien a quién amar, existen adolescentes que pasan por sentimientos extremos de angustia, culpa y/o miedos ante la situación que enfrentan y pueden presentar diferentes tipos de depresión.
Los bebés que nacen de madres adolescentes se encuentran en alto riesgo de sufrir abuso y negligencia, debido principalmente a que la joven madre puede sentirse frustrada por las demandas de la maternidad, además de que ésta puede encontrarse confundida con respecto a su propio rol como madre.
Muchas madres adolescentes abandonan sus estudios en este proceso, comúnmente de forma definitiva, por lo que pierden la oportunidad de desarrollarse profesionalmente. Esto suele disminuir su desarrollo personal y por lo tanto sus probabilidades de obtener un buen empleo y alcanzar estabilidad económica.
Los padres de los adolescentes pueden ayudar a prevenir estas situaciones al utilizar una comunicación abierta con sus hijos con respecto a la sexualidad, proveerlos de una guía, hablarles de prevención de enfermedades sexuales, de métodos anticonceptivos y, desde luego, de los riesgos que conlleva una relación íntima y un embarazo. También existen algunos centros y organizaciones que proporcionan la información necesaria para prevenir embarazos no deseados.

Cuando ya ocurre un embarazo no deseado, las madres adolescentes requieren de mucha información y guía con respecto a las opciones que están disponibles, desde la interrupción del embarazo hasta la adopción, pasando por todos los cuidados y necesidades específicas que debe atender durante la gestación y hasta el parto. Así mismo, si su decisión es conservarlo necesitará de apoyo durante la maternidad. Habrá casos también en los que la joven pudiera requerir ayuda especializada de un profesional en salud mental, además de los cuidados médicos necesarios.

Para concluir, sólo me queda decir que si es cierto que los niños son el futuro de las sociedades, al pensar en un mejor futuro también es importante darle una atención adecuada a este tipo de situaciones, ya que la problemática que pueden devenir de éstas pudiera tener alcances de proporciones importantes. Considero que la ardua labor de hacer lo correcto por el motivo correcto sólo la podemos alcanzar cada uno de nosotros en lo más profundo de nuestro ser, de nuestras propias convicciones y de aquello que es más sagrado para cada uno de nosotros.

Por Psic. MA Jaime G. Paullada
jaimegpaullada@hotmail.com
centrodeatencionpsicb@hotmail.com
http://centro-de-atencion-p.aquinegocio.com.mx
Tel. 5245-1749
Terapeuta individual, familiar y de pareja

Fuente: Revista Medicable

domingo, 27 de marzo de 2011

TERAPIA EMOCIONALMENTE ENFOCADA

Terapia Emocionalmente Enfocada (TEE) es el más moderno y efectivo modelo de terapia de pareja llamado en inglés Emotionally Focused Therapy. En realidad esta no cuenta con una traducción oficial al español pero para referirme a ella, me tomé la libertad de traducir las palabras literalmente y a reserva de que esta definición probablemente cambie más adelante.

TEE es una terapia estructurada, a corto plazo, que fue desarrollada originalmente por los doctores en psicología Sue Johnson y Les Greenberg. Es un enfoque que a pesar de poder ser utilizado con familias fue desarrollado originalmente para tratar parejas (ésta es una importante diferencia con todos los demás enfoques), además existe un gran número de investigaciones que destacan la efectividad de este enfoque.

Los estudios demuestran que entre un 70% y 75% de las parejas tratadas evolucionan de un estado de conflicto a un estado de recuperación y que el 90% muestran mejoras significativas. La contraindicación principal para este tratamiento es: “violencia persistente” en las relaciones, (Ongoing violence) que se entiende, como describí en un artículo anterior a éste, como aquellas situaciones de violencia en las que existe un perpetrador del tipo que definí como antisocial.

Algunos de los objetivos principales de TEE son: expandir y reorganizar algunas de las respuestas emocionales conflictivas que se presentan en la interacción de los miembros, inducir cambio en las posiciones de interacción, así como iniciar y preservar nuevos ciclos de interacción y finalmente, pero de central importancia, favorecer la creación y continuidad de vínculos seguros. Se trabaja con la danza (los sistemas de interacción) que bailan los integrantes de la pareja o familia y en particular con aquellas que causan conflicto.

¿Qué ventajas tiene TEE?

En primer lugar TEE está basada en conceptos claros de conflicto marital y amor adulto, a su vez estos conceptos son consistentes con investigaciones empíricas relacionadas a la naturaleza del conflicto marital y apego adulto. También es un enfoque de colaboración que ofrece respeto a sus clientes, ya que combina principios de psicología humanista y estrategias de terapia familiar.

Por otro lado TEE está apoyada en veinte años de continua investigación empírica y cuenta con investigación referente a los procesos de cambio y con respecto a los factores predictores de éxito. Además es un enfoque que ha sido utilizado para la resolución de múltiples problemáticas y en variadas poblaciones con un alto grado de éxito.

Por ser una terapia de tipo sistémica también tiene la ventaja de ser realizada entre 8 y 20 sesiones de duración, por lo que la relación entre costo y eficacia la pone en ventaja frente a otros enfoques.

Parte de su filosofía es que las relaciones se encuentran en el núcleo de la experiencia humana y hay una buena cantidad de investigaciones que indican que las relaciones emocionalmente satisfactorias son un ingrediente primordial para la salud emocional y física y que las intervenciones de TEE tienen la capacidad para establecer y recrear vínculos de apoyo entre los individuos. De esta manera se dedica a la comprensión y al fortalecimiento de los vínculos en parejas y familias poniendo énfasis en las emociones y en el impacto que éstas tienen en las relaciones interpersonales. Además también enfatiza la creencia de que las personas pueden maximizar su propio potencial cuando cuentan con buenas relaciones, que tienen vínculos profundos y satisfactorios. Dicha creencia está fundamentada también en investigaciones realizadas en este tema.

Todas las parejas tienen conflictos y problemas y la terapia de pareja, en particular TEE, es una extraordinaria forma de enfrentarlos y de solucionarlos, ya que va más allá de la terapia tradicional de pareja al resolver de forma integral y definitiva el conflicto en particular y sus causas, acercando íntimamente y con empatía y amor a los miembros de la pareja.

Por Psic. MA Jaime G. Paullada
jaimegpaullada@hotmail.com
centrodeatencionpsicb@hotmail.com
http://centro-de-atencion-p.aquinegocio.com.mx
Tel. 5245-1749
El autor es terapeuta individual, familiar y de pareja.

sábado, 12 de febrero de 2011

Violencia en las relaciones

Por Psic. M.A. Jaime González-Paullada


“El odio nunca se extingue por el odio en este mundo; solamente se apaga a través del amor. Tal es una antigua ley eterna.”
Dhammapada

Dentro de las relaciones de las cuales somos parte como hijos, como padres, como cónyuges o parejas es posible, e incluso muy probable, que hayamos sido parte también de cierto grado de violencia en ellas de una u otra forma, alguna vez en la vida (sobre todo si contamos la negligencia). Al decir esto no quiero decir que todas las relaciones sean violentas, o al menos no principalmente, lo que sí quiero decir es que esta violencia se encuentra en cierta medida presente en todas las relaciones humanas. El enojo y los sentimientos hostiles son parte de todo un arco iris de emociones que abarcan todas las tonalidades ¿O acaso usted nunca se ha enojado y ha insultado, descalificado, estereotipado y/o usado alguna etiqueta negativa para referirse a alguien? Éste es uno de los ejemplos más cotidianos de la violencia que podemos ejercer sobre otros, pero ¿esto quiere decir que seamos realmente violentos? Tal vez, pero en la mayoría de los casos solo parcial y esporádicamente, además en la mayoría de los casos el enojo solamente resulta ser una emoción fugaz que no permea todas las relaciones, tiene por objetivo proteger ciertos límites físicos y/o psicológicos y aunque esté lejos de ser algo positivo, en muchos casos puede ser entendible.
¿Entonces cuándo podemos decir que la violencia es un problema en las relaciones? La violencia se convierte en un problema en la medida en que gana terreno sobre otro tipo de interacciones en las relaciones, o cuando otros aspectos de una relación empiezan a depender o a girar alrededor de estas agresiones. Los intercambios de violencia se van volviendo más y más frecuentes, más violentos y otros aspectos de la relación empiezan a girar en mayor medida alrededor de la confrontación o evitación de estos episodios de violencia, además entre más se intensifica la violencia, de manera paralela, se intensifican ciertos miedos, particularmente el miedo a la pérdida de control en la relación y si el método de control por medio de la violencia es percibido como efectivo, más se intensifica esto para lograr mayor control, generando así más miedo y convirtiéndose de esta manera en un círculo vicioso. Algunos han comparado este fenómeno con un remolino o una espiral que escala y cada vez se acelera más para ejemplificar el fenómeno de la violencia.
Considero importante aclarar que hay diferentes tipos y grados de violencia/abuso y aunque todos estos tipos tienen como fin controlar, intimidar, generar sentimiento de culpa y ganar poder en las relaciones son distintos en la manera de lograrlo:
a) Violencia psicológica: probablemente la más sutil de todas debido a que sólo involucra actitudes ante la otra persona, que sin palabras ofensivas ni golpes, denigran, lastiman, vulneran y/o limitan, promueve el temor a desagradar al agresor y ésta tiene como fin el controlar, intimidar, generar sentimientos de culpa y ganar poder en la relación. También la negligencia puede ser una forma de violencia psicológica en algunos casos.
b) Violencia económica: es cuando se utilizan los recursos económicos para controlar, promueve el temor a desagradar al agresor y tiene por fin intimidar y ganar poder en las relaciones, busca normalmente infundir temor a las limitaciones económicas que de ésta puedan resultar.
c) Violencia verbal: por medio de insultos y descalificaciones, que tienen por objetivo lastimar a la otra persona, con el fin de controlar, intimidar, generar sentimientos de culpa y ganar poder en la relación. Persigue el fin de generar miedo a desagradar al agresor y generar otro episodio violento de este tipo.
d) Violencia física: ésta se lleva a cabo por medio de demostraciones de violencia física, como lo pueden ser manoteos, golpear objetos y/o atacar directamente a la persona en cuestión, promoviendo el miedo a ser lastimado(a) físicamente y esto se hace con el fin de controlar, intimidar, generar sentimientos de culpa y ganar poder en la relación.
e) Violencia sexual: en este tipo de violencia se utiliza la sexualidad como medio agresivo de control e intimidación y muy probablemente uno de los tipos más apabullantes de violencia, la violación y otros tipos de abuso sexual son comunes en este tipo de violencia. El acoso sexual también puede ser un tipo de violencia sexual y algunos investigadores del tema lo consideran también como un preámbulo común a la violación.
A pesar de las diferencias que tienen entre sí estas diversas categorías de violencia, que son de alguna manera “artificiales” y se han codificado de otras muchas maneras, el tipo de daño moral o psicológico en el que resultan puede tener mucha similitud, además de que en todas las categorías definidas anteriormente: el control, la intimidación, la generación de sentimientos de culpa, y la ganancia que resulta en el poder son la misma dinámica con distinto método, (la misma gata revolcada).
Lo que sí es cierto es que la violencia verbal y psicológica suelen estar presentes en los casos de violencia física y sexual casi siempre y además de.
Las víctimas de violencia son más frecuentemente niños, mujeres y ancianos, aunque también se puede dar prácticamente en cualquier persona, sólo que con mucho menor frecuencia. Existe aún algo de discusión con respecto a que algunos opinan que es más difícil, por ejemplo, para un hombre el denunciar algún abuso perpetrado por una pareja mujer y que al no denunciarlo esto pasa inadvertido, otros debates por el estilo incluyen que el tipo de violencia ejercida de mujeres hacia hombres suele ser más frecuente de los tipos psicológico y verbal, que son más difíciles de detectar. De cualquier forma la mayor parte de la violencia se piensa que es dirigida mucho más frecuentemente a mujeres, niños y ancianos.
Por parte de la víctima la violencia suele ser perpetuada por un aislamiento social que muchas veces es parte del propio abuso, que junto con la culpa experimentada le hace a la víctima sumamente difícil encontrar algún apoyo, además de que es demasiado común que, al contarles su abuso a algún amigo o persona allegada la clásica respuesta de “eso te pasa por tonta (o)” les confirmen sus propios sentimientos de culpa y aislamiento, además de que esto suele volverlas más renuentes a abrir el tema.
Con respecto al agresor: podemos decir que hay fundamentalmente dos tipos: 1) “El impulsivo” 2) “El antisocial”. El impulsivo es aquél que al tornarse violento le aumenta el ritmo cardiaco y al antisocial le disminuye el ritmo cardiaco.
El primero, que es el tipo más común, puede resultar beneficiado con programas de “manejo de ira” (anger management), grupos de autoayuda o con otras técnicas como el “tiempo fuera” (time out) y para el segundo (el menos frecuente de ambos) aún no existen lineamientos de tratamiento efectivo.
Cabe mencionar que en la República Mexicana no existe aún ningún procedimiento legal que provea algún apoyo real a los cientos de miles de personas que padecen estos problemas y nos encontramos en un atraso de décadas en este sentido con respecto a otros países, que sólo provee la de un proceso de criminalización para el agresor, que a veces resulta en una muy relativa protección a la víctima y otras ni siquiera eso (son aún recientes las definiciones legales de violencia intrafamiliar).
Existen ciertamente instancias gubernamentales y no gubernamentales dedicadas a trabajar la violencia en las familias y hacia las mujeres en específico, algunas otras no gubernamentales dedicadas a ayudar a los perpetradores de la violencia, pero no existe aún un punto intermedio entre la ley y la ayuda. Es decir: no hay sentencias emitidas por la corte que obliguen a víctimas y perpetradores a seguir un programa de ayuda o un tratamiento terapéutico especializado en manejo de violencia. Esto pudiera ser importante cuando el abuso se lleva a cabo en el seno familiar y el perpetrador de la violencia, además de ser perpetrador, es padre, hijo, en muchos casos proveedor de estabilidad económica y que muchas veces, precisamente por esto, las víctimas no se atreven a permitirle a las autoridades hacerse cargo del problema, porque en cierta medida les da más miedo lo que resulte de la intervención legal que del problema que tienen ya en casa y en sus vidas.
“A propósito del día internacional de la mujer”
INEGI, 2003
* En uno de cada tres hogares de la zona metropolitana de la Ciudad de México se registra algún tipo de violencia.
* De cada 100 hogares donde el jefe es hombre, en casi 33% se registra algún tipo de violencia por 22 de cada 100 de los dirigidos por mujeres.
* Los miembros más frecuentemente agresores son el jefe 49.5% y cónyuges 38.9%
Y para terminar me gustaría citar las palabras de La Consejera de la CNDH y Catedrática de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, Patricia Galeana Herrera, pronunciadas en el 2006:
“47 de cada 100 mujeres mexicanas sufren algún tipo de violencia; dos de cada tres familias viven violencia intrafamiliar y de cada 100 personas a quienes les han violado sus derechos, 96 pertenecen al sector femenino.”
Por otra parte también afirmó:
“La violencia familiar es la patología causante de gran parte de los males que sufre la sociedad. Afecta a todos sus miembros; muchos niños prefieren vivir en la calle que sufrir malos tratos, caen en la farmacodependencia e inciden en actos delictivos. La violencia familiar es un factor criminógeno determinante”

El autor es terapeuta individual, familiar y de pareja.

jaimegpaullada@hotmail.com

¿Quién va a terapia?

Seguramente tú has buscado ayuda alguna vez, lo he hecho yo desde luego y también lo hicieron nuestros abuelos y tatarabuelos. Desde que el hombre es hombre y vive en relación con otros hombres existe esa interdependencia tan evidente en el género humano que actualmente llamamos sociedad.

Es cierto que no siempre decimos “voy a ver al Dr. Mengano o Zutano”; decimos “es que necesito hablar con alguien” y terminamos convirtiendo a nuestros amigos y familiares en nuestros terapeutas en esos momentos difíciles de la vida. Hasta parece existir una especie de talento innato en ciertas personas para jugar el rol, ya sea del terapeuta o del paciente. En ningún momento quiero decir que esto sea malo ni mucho menos, sólo quiero decir que es simple naturaleza humana buscar vínculos que nos resulten “terapéuticos” y que estos pueden ser de naturalezas muy distintas: desde esa persona que tira las cartas y tras adivinar cierta decepción, frustración u otros conflictos que tenemos o hemos tenido y que resultan difíciles de hablar, los vuelve un tema importante de la reunión permitiendo así explayarte y hablar de lo mal que te sentiste o te sientes por tal o cual situación, mientras te ofrece una predicción de un mejor futuro que alivia la angustia o la tristeza o te da unas palabras de aliento diciéndote por ejemplo que él o ella percibe esa fortaleza que llevas dentro y que al final saldrás bien librado y que volverás a estar contento o que te va a vender un amuleto que se va a llevar el mal de ojo que te echó esa persona envidiosa. Llamémosle chamán, sacerdote, hermano, amigo, mamá, libro de autoayuda o como le quieras llamar, probablemente todos estos desempeñan un buen trabajo terapéutico, porque si no, nadie les pediría ayuda. Desde luego que también habrán cometido muchos errores.

El punto es que en todas las sociedades de todos los tiempos han existido terapeutas, sólo que no siempre se les llama igual y sus epistemologías y maneras de proceder pueden ser muchas y muy variadas.

Espero con esta breve descripción de mi idea no haber sido injusto con todas estas personas que buscan proveer alivio al alma humana de la manera que sólo ellos saben hacerlo y que en muchas ocasiones lo logran de muy buena manera.

¿Entonces lo que quiero decir es que da lo mismo ir a una terapia profesional que a platicar con un amigo, familiar o chaman? ¡De ninguna manera! Sólo quiero decir que reconozco y aplaudo cuando estos logran el objetivo de satisfacer el deseo de aquél que busca aliviar el dolor o de resolver el conflicto del alma humana.

Usualmente a la terapia profesional va la persona que ha intentado resolver el problema con los medios que le habían funcionado con anterioridad, pero que no han tenido resultado positivo ante alguna situación en particular o que incluso, al no haber encontrado una solución, han empeorado o por lo menos empiezan a perder la esperanza de que algo mejore y vamos a consultar “al profesional de la salud mental”; de esta manera o de muchas otras pudiera presentarse la opción de probar algo nuevo.



¿Qué es lo terapéutico de la terapia?

En realidad no hay nada mágico en una buena terapia, lo que parece “magia” es el alivio que podemos llegar a experimentar después de haberlo buscado día y noche, durante un largo tiempo y súbitamente nos encontramos con algo mucho mejor de lo que creíamos.

Pueden existir muchos factores terapéuticos de la terapia, pero para resumir un poco este punto me gusta llamarle “vínculo humano”. Esto nos ayuda a no olvidar que tanto terapeuta como paciente son seres humanos, que tienen sentimientos y emociones y que ambos son capaces de crear relaciones con otros seres humanos, de crecer y de desarrollarse mientras lo hacen.

La ventaja que tiene la terapia frente a otros enfoques de ayuda es ya más de un siglo de investigaciones en psicología con correcciones constantes y replanteamientos que parecen ir apuntando a un mejor servicio y que con el tiempo se ha ido definiendo a sí misma como uno de los métodos más utilizados para trabajar con distintas problemáticas y con mejores resultados.

El espacio terapéutico suele contar con ventajas que otros no tienen. La mayoría de los terapeutas contamos con alrededor de diez años de formación profesional (poco más o poco menos) es decir: antes de vernos cara a cara con un paciente pasamos por un largo periodo de preparación para que al vernos frente a esta situación tengamos una idea clara tanto de cuál es la responsabilidad que tenemos con el paciente que paga por un servicio, como con la sociedad de la cual formamos parte y podamos expresarlo abiertamente y de esta manera hacer un buen planteamiento de terapia.

Desde luego que no pretendo con este artículo explicar detalladamente aspectos técnicos de la terapia sino solamente ampliar un poco, de manera casual, en esa normalidad que hay en nuestras relaciones cotidianas y algunas similitudes que comparten con una relación terapéutica y lo terapéutico de éstas; aunque probablemente otra de las grandes diferencias de la terapia formal es que es la única que tiene como único propósito y que está centrada al cien por cien en establecer una relación de cambio, evolución y crecimiento, y ésta no debe de tener ningún otro objetivo.

Dentro de las terapias existen diferentes tipos o distintas orientaciones y todas ellas tienen mucho que ofrecernos cuando son llevadas a cabo por personas dedicadas, comprometidas y bien entrenadas.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Relaciones Interpersonales

No es necesario tener ninguna característica personal particular para saber lo complicadas que pueden resultar las relaciones interpersonales humanas ya sean familiares, de pareja, laborales y hasta de amigos, ya que en todas estas estamos expuestos al riesgo de entrar en conflicto y este puede ir desde el franco abuso en casos mas avanzados hasta un simple desacuerdo de rápida y sencilla solución en casos mas leves.

“Hace falta dos para bailar un tango” dice un dicho popular y me parece interesante la similitud que sugiere este dicho entre la danza y la interacción humana. Tanto en la danza como en las relaciones humanas, dos o mas personas se encuentran en constante movimiento y el movimiento de uno también esta relacionado con el movimiento del otro y viceversa de esta manera ambos constelan una totalidad.

Sin embargo esto no es tan obvio cuando hablamos de nuestras relaciones ya que en estos casos solemos representar papeles antagónicos en los que uno siempre es el bueno y el otro el malo o el racional y el irracional o el constructivo y el destructivo o el violento y el pacifista etc. Desgraciadamente estas explicaciones suelen dejarnos una cierta insatisfacción una especie de vacío explicativo que no logra hacer sentido y nos obliga a encoger los hombros como diciendo “sepa”.

Cada ser humano es tan único como lo son sus huellas digitales y al hablar de interacción entre seres humanos uno mas uno no es igual a dos debido a que cada uno de ellos tiene cientos de miles de experiencias y vivencias y a su vez están en constante movimiento e interacción con otros seres humanos que desde luego comunican, influyen y son receptores e influenciados también.

Cuando planteamos esto parece volverse más comprensible que dos o mas personas en una relación puedan tener compatibilidades e incompatibilidades ¿Esto quiere decir que las buenas relaciones son entre personas 100% compatibles? ¡Por supuesto que no! Solo son personas que las compatibilidades que existen entre ellos son suficiente buen motivo para trabajar esas incompatibilidades ya sean muchas o pocas.

Casi todas las relaciones están sujetas a la suma de ambas capacidades de ser flexibles y de negociar al decir esto entramos en lo que es la distribución del poder dentro de la relación cuando uno cede por completo y el otro no cede nada esto suele dar por resultado un desequilibrio en el poder de las personas involucradas a lo que corresponde una especie de revancha orientada a ganar terreno en la relación o una especie de retraimiento u contingencia.

Este ejemplo de interacción con el tiempo y a la larga da por resultado lo que conocemos como costumbres entre las personas y una cierta seguridad de cómo se puede evitar el conflicto con el otro. Sin embargo existen lo que los terapeutas sistémicos llaman retroalimentaciones positivas y retroalimentaciones negativas, las primeras son aquellas en las que ambas personas resuelven el conflicto en cuestión y no se vuelve a dar hasta que vuelve a surgir una situación similar. La segunda es cuando el resultado de la interacción da resultados tan poco satisfactorios para ambos que se repite una y otra vez hasta que la propia relación se convierte en una repetición tras otra de esto y para ejemplificar esto me gustaría dar un ejemplo:

“Maria se encontraba decepcionada de su relación con Roberto ella me comentó que sentía como el cada vez se alejaba mas de ella y la angustia que le producía pensar en perder la relación en la cual había depositado tantas ilusiones, expectativas y tiempo, ella me comento como a veces perdía la paciencia y en ocasiones le expresaba con gran impotencia y a veces hasta con coraje la poca atención que ella sentía que el le daba, también a veces lo llegaba a culpar por ser frió e insensible a la angustia que ella estaba experimentando, algunos de los reclamos comunes de Maria eran “como es posible después de todo este tiempo que tu me trates de esta manera, yo no me merezco esto” con el tiempo la situación no mejoraba hasta que decidieron buscar ayuda.
Al hablar con Roberto que no se encontraba menos preocupado por la situación me expreso como el también percibía y sentía también como el se alejaba de ella y que en verdad le gustaría no hacerlo, que a su vez el no tenia ninguna intención de dejarla a ella pero que cuando llegaba a casa y la encontraba alterada, angustiada y molesta y se sentía culpado por esto automáticamente buscaba alejarse de ella”.

Este es un ejemplo clásico de retroalimentación negativa que de perdurar el suficiente tiempo puede traer como resultado la insustentabilidad de la relación y ocasionar que cada uno termine alejándose del otro de manera cada vez más y más definitiva.

En este caso uno siente angustia por el acoso y busca evitar al otro. Ante esto el otro se siente abandonado por su pareja y le genera más angustia resultando en más reclamos y repitiéndose así el mismo ciclo una y otra vez.

Cuando ambos se sientan a hablar de lo que les preocupa realmente e incluso se dan cuenta del alto precio que ambos están pagando en esta interacción con tal de permanecer juntos ambos pueden aprender a lidiar con el impulso que sienten a reaccionar a su propia angustia ya sea persiguiendo o evitando de manera compulsiva e irreflexiva evitando así otros problemas que pudieran darse como consecuencia de esto.

Esto es solo una descripción de una dinámica clásica vista de una manera distinta a esos papeles antagónicos clásicamente representados por una persona fría e insensible que nos hace sufrir, u otra explosiva y volátil que no le preocupa incomodarnos o hacernos sentir mal, no quiero decir que no exista la gente que hace esto de manera deliberada con el fin de lastimar lo que si es que en mi experiencia en terapia de pareja no me he topado aun con una persona para la cual lastimar al otro sea un fin mas bien y en el peor de los casos es un medio mas que un fin. Y aunque es cierto que para muchas relaciones el precio de la interacción llega a veces a ser demasiado alto es responsabilidad única de los integrantes de esta el determinarlo en todo caso aun cuando uno de los dos o ambos deciden que ya no desean seguir en ello la tramitación del conflicto aun después de la separación solo puede resultar en una disminución del estrés vivido por una experiencia pasada. Quien sabe dicen también que “donde fuego hubo cenizas quedan”.
En el próximo artículo tocare el tema de violencia y abuso en la pareja.

Por Psic. M.A. Jaime González-Paullada Garza
Terapeuta individual, familiar y de pareja.