sábado, 12 de febrero de 2011

¿Quién va a terapia?

Seguramente tú has buscado ayuda alguna vez, lo he hecho yo desde luego y también lo hicieron nuestros abuelos y tatarabuelos. Desde que el hombre es hombre y vive en relación con otros hombres existe esa interdependencia tan evidente en el género humano que actualmente llamamos sociedad.

Es cierto que no siempre decimos “voy a ver al Dr. Mengano o Zutano”; decimos “es que necesito hablar con alguien” y terminamos convirtiendo a nuestros amigos y familiares en nuestros terapeutas en esos momentos difíciles de la vida. Hasta parece existir una especie de talento innato en ciertas personas para jugar el rol, ya sea del terapeuta o del paciente. En ningún momento quiero decir que esto sea malo ni mucho menos, sólo quiero decir que es simple naturaleza humana buscar vínculos que nos resulten “terapéuticos” y que estos pueden ser de naturalezas muy distintas: desde esa persona que tira las cartas y tras adivinar cierta decepción, frustración u otros conflictos que tenemos o hemos tenido y que resultan difíciles de hablar, los vuelve un tema importante de la reunión permitiendo así explayarte y hablar de lo mal que te sentiste o te sientes por tal o cual situación, mientras te ofrece una predicción de un mejor futuro que alivia la angustia o la tristeza o te da unas palabras de aliento diciéndote por ejemplo que él o ella percibe esa fortaleza que llevas dentro y que al final saldrás bien librado y que volverás a estar contento o que te va a vender un amuleto que se va a llevar el mal de ojo que te echó esa persona envidiosa. Llamémosle chamán, sacerdote, hermano, amigo, mamá, libro de autoayuda o como le quieras llamar, probablemente todos estos desempeñan un buen trabajo terapéutico, porque si no, nadie les pediría ayuda. Desde luego que también habrán cometido muchos errores.

El punto es que en todas las sociedades de todos los tiempos han existido terapeutas, sólo que no siempre se les llama igual y sus epistemologías y maneras de proceder pueden ser muchas y muy variadas.

Espero con esta breve descripción de mi idea no haber sido injusto con todas estas personas que buscan proveer alivio al alma humana de la manera que sólo ellos saben hacerlo y que en muchas ocasiones lo logran de muy buena manera.

¿Entonces lo que quiero decir es que da lo mismo ir a una terapia profesional que a platicar con un amigo, familiar o chaman? ¡De ninguna manera! Sólo quiero decir que reconozco y aplaudo cuando estos logran el objetivo de satisfacer el deseo de aquél que busca aliviar el dolor o de resolver el conflicto del alma humana.

Usualmente a la terapia profesional va la persona que ha intentado resolver el problema con los medios que le habían funcionado con anterioridad, pero que no han tenido resultado positivo ante alguna situación en particular o que incluso, al no haber encontrado una solución, han empeorado o por lo menos empiezan a perder la esperanza de que algo mejore y vamos a consultar “al profesional de la salud mental”; de esta manera o de muchas otras pudiera presentarse la opción de probar algo nuevo.



¿Qué es lo terapéutico de la terapia?

En realidad no hay nada mágico en una buena terapia, lo que parece “magia” es el alivio que podemos llegar a experimentar después de haberlo buscado día y noche, durante un largo tiempo y súbitamente nos encontramos con algo mucho mejor de lo que creíamos.

Pueden existir muchos factores terapéuticos de la terapia, pero para resumir un poco este punto me gusta llamarle “vínculo humano”. Esto nos ayuda a no olvidar que tanto terapeuta como paciente son seres humanos, que tienen sentimientos y emociones y que ambos son capaces de crear relaciones con otros seres humanos, de crecer y de desarrollarse mientras lo hacen.

La ventaja que tiene la terapia frente a otros enfoques de ayuda es ya más de un siglo de investigaciones en psicología con correcciones constantes y replanteamientos que parecen ir apuntando a un mejor servicio y que con el tiempo se ha ido definiendo a sí misma como uno de los métodos más utilizados para trabajar con distintas problemáticas y con mejores resultados.

El espacio terapéutico suele contar con ventajas que otros no tienen. La mayoría de los terapeutas contamos con alrededor de diez años de formación profesional (poco más o poco menos) es decir: antes de vernos cara a cara con un paciente pasamos por un largo periodo de preparación para que al vernos frente a esta situación tengamos una idea clara tanto de cuál es la responsabilidad que tenemos con el paciente que paga por un servicio, como con la sociedad de la cual formamos parte y podamos expresarlo abiertamente y de esta manera hacer un buen planteamiento de terapia.

Desde luego que no pretendo con este artículo explicar detalladamente aspectos técnicos de la terapia sino solamente ampliar un poco, de manera casual, en esa normalidad que hay en nuestras relaciones cotidianas y algunas similitudes que comparten con una relación terapéutica y lo terapéutico de éstas; aunque probablemente otra de las grandes diferencias de la terapia formal es que es la única que tiene como único propósito y que está centrada al cien por cien en establecer una relación de cambio, evolución y crecimiento, y ésta no debe de tener ningún otro objetivo.

Dentro de las terapias existen diferentes tipos o distintas orientaciones y todas ellas tienen mucho que ofrecernos cuando son llevadas a cabo por personas dedicadas, comprometidas y bien entrenadas.

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